BORN TO BE BLUE

De cuando Chet Baker aprendió a llorar... de verdad

Chet hizo del canto lacónico de su trompeta y de su voz un himno. Supo utilizar sus limitaciones técnicas en beneficio propio. Esto le obligaba a jugar con el tempo lento, con notas largas y dispersas, a cantar canciones bellas y lastimeras, elementos que lo convirtieron en baluarte del West Coast, al tiempo que le proporcionaron un aura de misticismo. Esto, unido a su look juvenil (le llamaron el James Dean del jazz) le otorgó una imagen de romántico perdedor que lo aupó a la fama, incluso entre aquellos (especialmente mujeres) a quienes no interesaba el jazz. Tuvo que esforzarse poco (técnica y personalmente) para alcanzar esta fama y sólo cuando las cosas se le torcieron tuvo que darlo todo, esfuerzo y sufrimiento, para volver.
Todo se le dio tan fácil en la música. Creo que ese fue uno de los problemas. (Dick Bock, fundador de Pacific Jazz Records, interpretado en la película por Callun Rennie)
Born To Be Blue (Rober Budreau, 2015) narra este episodio de la vida de Chet Baker, cuando a causa de una deuda por drogas, unos matones de San Francisco le parten la mandíbula y los dientes delanteros. Esto, para un trompetista, significa perder la capacidad para soplar. Con prótesis o sin ellas, todos sus años de aprendizaje se perdieron con aquella brutal paliza. Esta película habla de autodestrucción y de sordidez, pero también de volver a empezar.


Algo a advertir es que no suena la música de Chet en la película. Como buena ficción, todo está reconstruido: Ethan Hawke canta (parafraseando el título) y el canadiense Kevin Turcotte (sideman de Don Byron, Tito Puente, Dave Holland...) pone sonido a la trompeta de Chet/Ethan mientras que el piano y los arreglos jazzísticos de la banda sonora corren a cargo de David Braid. El resultado es aceptable y el espíritu de Chet parece sobrevolar la cinta con su laconismo y su sentimiento. Parte de esa reconstrucción es también Jane Azuka, personaje ficticio interpretado por una convincente Carmen Ejogo y que no es sino un epítome, una síntesis de las mujeres que estuvieron con Chet, que le amaron, que le cuidaron, que lo intentaron... Es aquí quizás donde más se nota la libertad que se ha tomado el guionista y director para hacer la película: Chet estaba casado con Carol Baker en aquel año (al no poder tocar, tuvo que pedir una asistencia social de 320 dólares al mes más 130 en cupones para alimentos) y a quien más se parece el personaje de Jane es a Ruth Young, amante inició su relación con Chet en 1973.


Pero Ethan Hawke como Chet también es un invento. La melancolía de sus ojos juega a su favor, nos encanta ese gesto tan Chet de pasarle dos dedos por los labios después de tocar y el papel no exigía más que algo de tristeza y saber llorar. La documentada fotografía pone lo demás: encuadres de las actuaciones en Birdland (Chet Baker and his trumpet, siempre me ha gustado la ingenuidad de estos eslóganes), la reconstrucción en cine de fotografías de William Claxton y, mucho más reales, los escenarios de San Francisco, los estudios de Pacific Jazz...

Kevin Hanchard
es Dizzy en el film
La película comienza con el debut de Chet Baker en Birdland en 1954, con la presencia de Miles Davis y Dizzy Gillespie. [Ojo: lo que sigue podría considerarse spoiler] La historia de Chet es la historia de su musa en la película, su lucha contra la adicción (que le hace feliz y le permite encontrar las notas) y contra la prótesis, se centra en "Summertime", uno de sus himnos y aquí su caballo de batalla. Sólo cuando domina "Summertime" consigue, gracias a la ayuda de Dizzy Gillespie, volver a Birdland a actuar, a recuperar su carrera. El climax es, por supuesto, "My Funny Valentine". Esto ocurrió realmente en 1973. De su posterior exilio en Europa sólo se sugieren pistas en la película, aunque todos sabemos que Europa no fue un paraíso para Chet a pesar de que dejó muchas y muy buenas grabaciones allí, además de esa eterna y clásica discusión acerca de si uno prefiere el sonido de Chet con dientes o sin ellos.

Entretenida ficción, en resumen de la vida de Chet, con demasiadas dosis de ficción. Si prefieren un documental, vean el de Weber (les impresionará por su crudeza) y si quien profundizar en la vida real de Chet lean a James Gavin. Esto es sólo cine... con jazz.

MÁS BOP, POR FAVOR

SEBASTIÁN CHAMES, Pick Up The Phone (Youkali, 2015)
Hacía tiempo que necesitaba un disco así, con un sonido hardbop limpio y un ritmo persuasivo que me devolviera la fe en que se sigue haciendo buen jazz. Sebastián Chames, pianista argentino que se formó en clásica en España y en jazz en Nueva York (con maestros como Fred Hersch, Barry Harris, Rodney Kendrick...), nos propone en su tercer álbum un jazz imaginativo, contagioso, muy neoyorquino, moderno pero fuertemente anclado en la tradición.
Chames es un líder de mente sana y comparte protagonismo con los instrumentos de viento, por lo que un oyente despistado podría no darse cuenta de que estamos ante el disco de un pianista sino en el de un quinteto; eso sí, un quinteto muy bien ajustado y donde todos sus elementos, especialemente en las homofonías propias del hardbop, funcionan como piezas de precisa relojería. Quizás el disco contenga momentos en que tanta eficacia y tanta compenetración transmita una sensación más mecánica que emocional, pero no deja de ser un efecto del virtuosismo de los músicos y de su homogeneidad.

Cuenta en el quinteto con Jeremy Pelt (colorido, elocuente, cinco veces trompetista del año en Downbeat), el tenor Greg Hardy (muy buen sideman, atemporal), y una efectiva sección rítmica que da solidez a los temas: el contrabajista Gerarld Cannon y el baterista Willie Jones III (Cedar Walton Quintet).

Con músicos con este sentido del ritmo, el álbum fluye por sí solo a través de ocho composiciones originales de Chames y un estándar, partituras que buscan nuevos caminos a través del hardbop. Por destacar alguna, el tema 1 ("Pianist At The Park"), que abandera el disco y que contiene unos buenos solos (piano y trompeta, con una gran intervención de Jeremy Pelt) y una deliciosa y sutil coda que avisa: éste no es un disco de estridencias ni fuegos artificiales sino una propuesta elegante y honrada; "Nice Bop", de inspiración monkiana y un desarrollo interesante y gozoso de escuchar, o el tema que cierra el álbum (la canción sueca "Dear Old Stockholm", que Miles y Coltrane convirtieron en un estándar de jazz) tocado aquí a formato de trío y donde por fin podemos notar la solidez y personalidad de este pianista argentino cuando tiene que llevar todo el peso del tema. Siempre he dicho que el trío de piano es la formación ideal de jazz (como el quinteto lo es del hardbop).



** Foto 1: Bogui Jazz ( @boguijazzoficial )
*** Foto 2: Esther Cidoncha, 2015.
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MILES AHEAD, LA PELÍCULA

Miles en el punto de mira

Puede que nuestro subtítulo pueda parecer un tanto llamativo, pero si adelantamos (y no es spoiler) que la película sobre Miles comienza con una persecución y continúa con disparos... entonces la metáfora de cine negro podría valer. Dejémoslo en el hecho de que todos los aficionados hemos tenido puesto el punto de mira en esta película desde que en 2009 se sopesó la posibilidad de cancelar esta película hasta que hace un par de años el proyecto resucitó gracias al tesón de Don Cheadle. Ahora, por fin, se estrena en España este original biopic que retrata un episodio que pudo (o no) suceder durante una de las épocas más conflictivas y curiosas de la carrera de Miles Davis.



Frances, en la portada de
Someday My Prince Will Come,

es uno de los leitmotiv de la película
No es precisamente Miles Ahead una cinta narrada al estilo de Hollywood. Cheadle manifestó que así lo quería y cambió repetidamente de guionista y de argumento. El resultado es un film amorfo pero interesante, donde las contradicciones se complementan para conformar un rompecabezas que aumenta su valor si el espectador conoce los entresijos de la vida de Miles Davis, en especial si conoce la época en la que transcurre la trama principal. En este sentido, la primera contradicción que uno encuentra es el título de la película (el título de un álbum de 1957) cuando está ambientada en el periodo de silencio de Miles (1975-1980), durante el cual no grabó ni lanzó nada. Sin embargo, el uso de flashbacks, siempre apuntando hacia su matrimonio fallido con Frances Taylor (se casaron unos meses después de lanzar este disco) justificaría el título de la película, que encierra también (¿por qué no decirlo?) cierta poética mirada hacia Miles "en la distancia". Frances (hoy) Davis está involucrada en la producción de la película.
Si quieres contar una historia, ten un poco de actitud, viejo. No seas tan sentimental con esto.
Quizás hubiera sido más interesante y positivo para la imagen de Miles enfocar el argumento hacia su regreso tras esa época de sequía creativa, con otra historia de amor, la de Cicely Tyson, de quien ya hablamos aquí hace tiempo; pero, como en el caso de Born To Be Blue, de la que hablaremos más adelante, es fundamental en la historia la presencia de una musa o, en el caso de Miles Ahead, la ausencia de esa musa que le hacía "tocar como nunca había tocado".
No me gusta esa palabra, "jazz". No lo llames jazz, tío. Es una palabra inventada. [...] Es "música social".
Otro elemento con el que juega la película continuamente y con el que es fácil hipnotizar a los fans de Miles es la recreación de escenarios que hemos visto una y mil veces en entrevistas, clips de vídeo, DVD's..., como los estudios de Columbia durante la grabación de Porgy & Bess con Gil Evans y Teo Macero, el  Village Vanguard, el estudio de su casa, las actuaciones para la televisión o la recreación de esa entrevista con la que comienza la película...
Don Cheadle, casi Miles.
Sobre Cheadle como director no hay mucho que decir. La película es veloz y los pocos actores parecen bien encajados en sus papeles. El suyo propio (dirigirse a uno mismo es siempre un riesgo a evitar) está bien dibujado, con las poses tan famosas de Miles al tocar (tanto en su época joven y elegante como en sus últimos conciertos, casi agachado), su voz rota, sus repetidos So what! como respuesta, sus problemas de cadera y los respiratorios a causa de las drogas; todos esos tics que hemos visto y oído en tantas entrevistas están ahí, en la interpretación de Cheadle, a pesar de lo cual no creo que haya terminado de convencer a ningún aficionado de que él es o pudiera ser Miles, aunque el esfuerzo queda patente.

El (aparente) absurdo de contar la historia de un músico durante una época en la que ni tocó ni grabó queda subsanado gracias a los saltos narrativos. Así, se pueden escuchar durante la película temas de Agharta, On The Corner, Kind of Blue, Filles de Kilimanjaro, Bitches Brew...; por supuesto, no en orden cronológico. Esta banda sonora de la película alterna grabaciones originales de Miles con recreaciones a cargo de músicos actuales. Keyon Harrold pone sonido a la trompeta que "toca" Don Cheadle. 

La película, intensa y en apariencia falta de estructura, podría ser un reflejo de la vida de Miles, de sus experimentos electrónicos y también de la decadencia en que se sumió en los últimos años de su carrera, donde, aunque seguía enamorando con sólo dos notas y seguía siendo capaz de reunir a músicos jóvenes para cambiar la Historia del Jazz una y otra vez, parecía el músico más indeciso del mundo. Era un glorioso caos hecho persona. Con todo, me parece una película válida, quizás sólo un relato corto en lugar de una novela sobre su vida, de la que se podría escribir infinitamente mucho más. No es una gran película pero creo que es de visión obligatoria para todo el que ame el jazz o sienta algo por Miles. El final de la cinta (no creo que esto se pueda considerar spoiler) les dejará como al principio, con la misma inquietud y con una tensión narrativa que nunca queda resuelta. La actuación final, donde podemos ver y escuchar reunidos a músicos de la talla de Herbie Hancock, Wayne Shorter, Esperanza Spalding, Antonio Sánchez,.. no hace sino acentuar esta sensación de que no nos han querido contar el final... El tema que interpretan es "What's Wrong With That?" y está compuesto por Robert Glasper y (sí) el propio Don Cheadle.

Sean o no fieles a la realidad, los biopics de jazz permiten a los aficionados soñar con haber estado allí, en esos momentos que se recrean en la pantalla. ¿No es suficiente? A este que firma le basta con escuchar a este Miles diciendo eso de "Don't call it jazz".



DOS VISIONES DE JOE ALBANY

Drogas, jazz y otros cuentos de hadas de la niñez

Como autor de ficción, confío siempre en que una narrativa construida es siempre más eficaz para llegar al lector o espectador que un simple documental o ensayo. Hoy me gustaría hablar de dos acercamientos a la historia del pianista Joe Albany. Uno es un documental dirigido por Carole Langer (Joe Albany: A Jazz Life) y el otro, Low Down (Jeff Preiss, 2014)una espeluznante película basada en el libro que escribió la propia hija de Albany y que tituló Tirada: Drogas, jazz y otros cuentos de hadas de la niñez (Low Down: Junk, Jazz and Other Fairy Tales from Childhood). Aun complementándose, creo que es más efectiva la visión ficcionada porque comunica más eficazmente la sensación de desolación que podía sentir la hija de uno de esos músicos que siempre hemos tenido por balas perdidas, convirtiendo a una de estas leyendas malditas del jazz en algo humano, terrible, cercano.

El Joe Albany real
y su hija Amy Jo
Joe Albany no sólo fue un adicto que no sabía en qué día vivía; fue, por encima de todo, un músico con voz propia, algo que siempre buscó y que es posible escuchar en sus discos como líder y como sideman. Pianista que dominaba el bebop, siguió un camino serpenteante a través de tantos estilos como líderes acompañó (Charlie Parker, JJ Thompson, Mingus, Dexter Gordon, Niels-Henning Orsted Pedersen...). En Low Down, se pueden escuchar temas de los discos originales de Joe Albany junto a otros grabados expresamente para el film por el pianista Russ Johnson. El repertorio de la banda sonora está muy bien escogido y refleja su vida con ese sentido del blues que, en los dedos de Albany, resulta en algunos momentos estremecedor.

Además, la película tiene a su favor un gran John Fawkes (como Albany), una Elle Fanning profunda y conmovedora en su papel de Amy Jo y grandes actores como Glenn Close, Peter Dinklage, Lena Heady... y, claro, la música de Joe Albany, que convierte la película en un triste blues (nada que ver con la cancioncilla del trailer, que no aparece en la película, por suerte).


El documental Joe Albany: A Jazz Life (Carole Langer, 1980) es otra historia. El pianista se convierte aquí en narrador único. Su voz y la de su piano nos guían a través de su vida, con dolorosos (aunque, en apariencia, aceptados) testimonios de sus adicciones y recaídas, y fantásticas historias sobre su experiencia como acompañante de Billie Holiday, Lester Young, Benny Carter, Bird ("Podía comunicarme con Prez, pero con Bird... todo era mental, y él nunca derribaba esa barrera").

En los momentos bajos, Joe Albany solía tocar en bares, pizzerías... En el documental se le puede ver tocando en un sitio algo más decente, el West End Café de Nueva York, y le oímos interpretar una buena cantidad de temas en un momento de su vida en que la lucidez acompaña a sus dedos. Toca "Billie's Bounce", "Round Midnight", "Lush Life"... La misma humildad de sus confesiones a viva voz aparece en su piano cuando toca solo. Albany se confiesa, se valora, mira atrás y nunca se defiende. Admite haber buscado la voz de Dios y haber encontrado el jazz, "el estado ideal en el que las personas reprimidas pueden expresarse". Habla de las tentaciones y se confiesa una persona sensual, proclive a caer, como todos los artistas,

Un documento imprescindible para escuchar a Joe Albany en un momento de lucidez y madurez personal y musical. Sin embargo, quizás la humildad en la voz del pianista, su calmada sinceridad, acabe por parecernos atroz. En este momento es cuando mi defensa de la ficción, de la realidad narrada, toma fuerza y constato que un actor interpretando a un personaje real puede estremecernos más que un documental si el guión nos hace seguir la historia con la misma vehemencia con que vivimos la nuestra. ¿Docu o drama? Particularmente, recomiendo visionar los dos vídeos, pero me quedo con la película.


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El documental se puede ver completo en
* Vimeohttps://vimeo.com/ondemand/joealbanyajazzlife
* Jazz on the Tubewww.jazzonthetube.com/videos/joe-albany/a-jazz-life.html


https://www.amazon.es/El-talism%C3%A1n-Alexandros-R-Martino-ebook/dp/B00HW9QLHI?ie=UTF8&adid=0RP4GC1T9XR4MV7R2HPA&camp=3598&creative=24794&creativeASIN=B00HW9QLHI&linkCode=as1&ref-refURL=http%3A%2F%2Fwww.jazzeseruido.com%2F&ref_=as_sl_pc_tf_lc&tag=jazeserui0f-21

A TRIBUTE TO THE FORT APACHE BAND

Jerry González & Miguel Blanco Big Band

En este álbum confluyen dos músicos de jazz con espírtu latino. De un lado, Miguel Blanco, compositor y arreglista, figura clave (y actual) del jazz latino en España y el hombre detrás de orquestas como La Calle Caliente y la Afrodisian Orchestra; del otro lado, Jerry González, trompetista y conguero con 50 años de carrera a sus espaldas, colaborador de infinidad de músicos, desde Tito Puente y McCoy Tyner hasta Paco de Lucía, y fundador, junto a su hermano Andy, de The Fort Apache Band a finales de los '70. Este disco donde vuelven a coincidir (después del reeditado Music For Big Band) es un homenaje a esta banda. La conjunción de estos dos jazzmen da como resultado un repertorio de big band latino sin desperdicio.



The Fort Apache Band nació en Nueva York continuando con la tradición de jazz latino presente en la Gran Manzana desde los años de Juan Tizol. El hermano de Jerry, Andy González al contrabajo estaba en la formación original, junto a un buen número de músicos, de los cuales ¡la mitad eran percusionistas! También estaban Kenny Kirkland (piano), Sonny Fortune (saxo), Papo Vázquez (trombón)...

 

Para el proyecto de resucitar a la Fort Apache Band, el arreglista/director ha contado con lo más brillante del jazz latino que se puede escuchar en Madrid, desde músicos cubanos (Javier Massó "Caramelo" y Luis Guerra al piano, Ariel Brínguez al saxo...), pilares del jazz español como Javier Colina y Marc Miralta o brillantes rising stars como Luis Verde o Dani Juárez, una big band multigeneracional que alcanza el número de 24 músicos y donde Jerry González nos deja magníficos solos en las congas, en la trompeta y en el fliscorno. Hay arreglos muy interesantes y rearmonizaciones de los temas originales que vale la pena escuchar. La orquesta hace justicia a los arreglos y hay una buena cantidad de solos, aparte de los de Jerry. Sumar los conceptos de jazz afrocubano y big band suele dar como resultado un festival de ritmos y metales (magnífica "Rumba y consecuencia", original de Miguel Blanco), pero los arreglos ofrecen también, en ocasiones, una tensión contenida y elegante, casi hipnótica ("Footprints") del concepto de orquesta de jazz. 

El disco (aparte de dos composiciones originales) repasa muy brevemente (sólo 8 temas) la historia de la Fort Apache Band, desde 1979 ("Agüeybaná") hasta temas de Monk como "Let's Call This" o "Ugly Beauty", que grabó la FAB en el disco Rumba para Monk (Sunny Side, 1995). 


Resumiendo, un disco imprescindible, tanto si les gusta el latin como si quieren entender de dónde viene Jerry González o escuchar a nuevos y viejos grandes músicos. Quizás lo único menos-positivo del disco sea que la abundancia de ritmos lentos y medios resta efectividad y espectacularidad a la orquesta, sin dejar de tener un sonido fabuloso, pero dejándonos en estos temas lentos la sensación de que nos gustaría más guerra. Lo más positivo, que los arreglos de Miguel Blanco profundizan en los temas con tanto cuidado que sale a relucir el origen africano del jazz latino, haciendo audibles sus fusiones, su aspecto negro, su profundidad, su historia.

EL ARTISTA ROTO

MARCOS PIN, Broken Artist (Freecode, 2016)

El gallego Marcos Pin, uno de los guitarristas más sólidos, creativos y proactivos del actual jazz español, abandona momentáneamente sus deliciosos experimentos de la serie Duology para volver al estilo que más me gusta: el hardbop. Lo hace con un disco conceptual, cuyo leitmotiv es ese sentimiento de ser artista, una afección espiritual que se mueve en otra dualidad: la del valor real contra la ignorancia social que rodea al Arte.

El concepto. 
Con una contundente portada, el músico de jazz nos muestra la miseria de ser artista en los tiempos que corren, que si bien es cierto que en España las artes nunca han sido muy valoradas (ni por la sociedad ni por los gobernantes) en estos tiempos de "cultura" fácil, de adicciones como el Whatsapp y la fast food televisiva, Broken Artist es una declaración de intenciones. El álbum no habla del artista famélico sino de ser músico, de ser músico de jazz (que es algo diferente) y de luchar por seguir siéndolo a pesar de los malos promotores, de los dueños de los bares, de los horarios, de la pasta... Ese es el concepto del disco. Me lo contó el mismo Marcos en una conversación bastante sincera en la que me habló de sus tribulaciones como músico de jazz, algo que dio lugar a un relato del que hablaremos después. 

El diseño.
El disco viene en un formato que imita a los antiguos EP's de 7" (un CD normal de 12 cm en una carpeta de cartón en 17x17 cm) con un diseño que nos retrotrae a otra época, recordando a las traseras de los LP's de Blue Note. En el interior, un tríptico con fotos y un relato sobre un músico de jazz (roto) escrito por este que firma, un relato inédito, compuesto especialmente para el disco y que no encontrarán en Noche de jazz, otro elemento más que certifica que Broken Artist es un proyecto único, mimado largamente y muy cuidado.


El estilo.  
Pero hablemos de la música. Broken Artist es un disco de hardbop, un estilo que le viene al dedillo a la guitarra (nunca mejor dicho) y a un guitarrista tan fresco y con tanto swing. Además, lo escuchamos en el formato de quinteto clásico, con un sonido brillante que llama a modernizar el concepto de hardbop, pero manteniendo el mismo espíritu, fiel a aquel movimiento que en los 50 hizo de las armonías complejas su bandera, que recuperó el sentimiento de blues y que nunca defrauda. Para superar esos efectos de fumador pasivo, de músico explotado, de los que hablamos, Marcos renace de las cenizas como haría un genio (artístico, se entiende) y contraataca con composiciones inspiradísimas y clásicas al mismo tiempo, y lo hace sin reparar en gastos (intelectuales, se entiende), con unos músicos de lujo y unas composiciones de arreglos fastuosos. ¡Que se jodan los tacaños! Pero escuchemos un tema antes de continuar hablando.


Los temas.  
Lo mejor de Broken Artist es que la música cuenta todas estas historias de denuncia en un tono optimista y con un sonido natural, aparentemente fruto de la espontaneidad, algo que me gusta tanto y que es especialmente apreciable en la forma en que se suceden los solos (por ejemplo) en "Blind Hope" y, de manera más nítida, en "Castanho's Reed". Los temas cantan (a ritmo de hardbop) ese espíritu irreductible del músico como creador/trabajador que sobrevive más que por dinero por amor al jazz (esa "Blind Hope" que es lo único que alimenta al músico, según las notas del libreto). 

1. Desde los primeros compases, queda claro que el saxo de Pablo Castanho comparte protagonismo con la guitarra y que, siendo el único instrumento de viento, asume con ésta los chorus. "Blind hope" es una buena muestra de ello. Su espectacularidad y el que todos los músicos tengan un solo recuerda a los discos de Blue Note, que siempre comienzan con un tema pegadizo e inolvidable.  

2. El segundo corte, "Lullaby For My Two Boys" es una nana triste. Habla del músico que regresa a casa desde otro mundo (el de los escenarios) y nota que ha perdido un tiempo de la vida real en un sueño que no siempre compensa. Especialmente destacable, el piano de Yago Vázquez, con algún toque de blues memorable y un delicado y preciso diálogo constante con el saxo y con la guitarra, con un buen solo al que Marcos Pin corresponde con una emotiva intervención de la guitarra. En la coda, el piano nos lleva más allá, por la Tercera Vía, a un punto impresionante. 

3. "I Love You Too" está basado en  los cambios del estándar "I Love You" y es una locura de tema para mover los pies, con una guitarra enorme. Puro hardbop. Como los demás, es un tema-denuncia que habla de los falsos halagos y de los promotores que doran la píldora a los artistas para nunca contratarlos. Un clásico. 

4. "Castanho's Reed" es un tempo medio muy intenso, con 9 minutos donde el blues amenaza a la partitura, con un saxo meditativo, cargado de recursos, y una buen ración de solos. 

Pablo Castanho al saxo
5. "Carmen's Call" es, en palabras de Marcos, un tema divertido. Habla de promotores de jazz que no entienden de jazz, de gente que consigue beneficios de actividades que no aprecian... Es una denuncia del negocio (o más bien, de los negociantes) con un Pablo Castanho muy agresivo, potente y con una manera de acabar las frases que refleja cierta dosis de rabia por parte del Artista Roto. Igual fuerza y agresividad escuchamos en la sección rítmica (Alfonso Calvo al contrabajo y Andrés Rivas en la batería) y, en especial, en el piano. El solo de guitarra viene a encauzar toda esta rabia con un ritmo acelerado y virtuoso como para dejar callado al promotor más cicatero. Un tema muy free y guerrillero que sólo encuentra paz en el último compás. 

6. "Vulpecula" es el tema que cierra el álbum, una balada muy lírica en la que el diálogo entre los instrumentos construye una belleza hipnótica que nos arrastra hasta el final del disco durante más de 7 intensos minutos. El título alude a la constelación del mismo nombre y nos hace levantar la vista al cielo para después mirar abajo a fin de comprobar si estamos flotando en el espacio o es la música... Un tema bellísimo.

Broken Artist es todo un festival. 


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* Web oficial: www.marcospin.com/

** Fotos: Rafa Pasadas (www.rafapasadas.com)


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ZINK TANK

Bop y fusión al ritmo de la naturaleza

El guitarrista de Ponferrada Gio Yáñez nos sorprendió hace un par de años con un interesante y profundo álbum de jazz fusión en el que experimentaba con esquemas del rock y la poesía de T.S. Eliot. En su segundo álbum, Zink Tank (Free Code, 2016) se pasa al hardbop desde una estética moderna y no exenta de la personalidad y la rebeldía que exhibía en su anterior Zero Point Energy.



Cuando hablamos de hardbop (conociendo el peligro de jugar con las etiquetas) estamos hablando de estilo, ritmo, riqueza armónica... una elección estética que Gio Yáñez retoma desde un punto de vista personal, y lo hace con honradez y sinceridad, con un sonido rudo y moderno, nada complaciente.

Pero precisemos que el álbum, con 6 temas, está estructurado como los antiguos LP's, con dos caras bien diferenciadas: una primera parte donde los músicos tocan ese bop del que hablamos y una "cara B", que serían los 3 últimos temas, donde Gio Yáñez vuelve a sonar especulativo, innovador, más oscuro, utilizando esquemas de jazz, jazz-rock, fusión... retornando de alguna manera al inquietante y sorprendente estilo de su primer álbum, donde su guitarra expresaba una filosofía musical compleja y personal, un "rollo contemporáneo", como lo llama Yáñez. Apoyado en una potente e interesante sección rítmica (Wilson Correia al piano, Filipe Louro al bajo y Miguel Sampaio en la batería), el liderazgo del grupo los ostentan de manera alternativa el saxofonista alto José Soares y a la guitarra Gio Yáñez, que hay que decir que suena tan inspirado en los temas más contemporáneos como swingueante en los que hace bop.


El título alude a los grupos de pensamiento (think tank), grupos de expertos también usados como grupos de presión, y Zink Tank resulta ser eso, un laboratorio de ideas donde todo acaba teniendo sentido, desde recrear la tradición del bop hasta las modernas fantasías de fusión. El juego de palabras mantiene la peculiaridad de que todos los discos de Yáñez comienzan por sus títulos con la letra Z.

A modo de resumen, me gustaría destacar algunos temas del álbum. Por ejemplo, el cálido comienzo del disco, con "Berg Dunum" (topónimo berciano), un tema muy al estilo Blue Note: pegadizo, colorido y donde todos los músicos tienen su solo; "Philologic", tema inspirador, y con un título con guiño biográfico (Yáñez es licenciado en Filología Inglesa, lo que dejaba patente en su homenaje a Eliot en el disco anterior), donde bajo y piano establecen una electrizante comunicación que recuerda a algún tema de Mingus y sus workshops.; o "Waltz Of The Resilient", un tema orgánico y emocional que retrata, además de un homenaje personal, cierto sentimiento de equilibrio que trae a la mente el ritmo de la naturaleza, del Universo... pura psicodelia en clave de jazz fusión.
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Gio Yáñez dirige el proyecto educativo La Casa del Jazz y participa en el proyecto de homenaje a Thelonius Monk con su trío y la Camerata Clásica de Ponferrada.


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** La Casa del Jazz: https://www.facebook.com/La-Casa-del-Jazz-312083825606237/
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