JAZZ EN EL LÍMITE

PAUL JONES, Clean (Outside in Music, 2017)

Nada más pinchar el disco, uno tiene la impresión de que Paul Jones podría ser la respuesta jazzística a Philip Glass. Su segundo álbum, Clean, utiliza el minimalismo como método de expresión. Sus temas cuentan historias apasionadas, interiores, rabiosas, pero cargadas de vida. Paul Jones tiene un blog donde habla de su experiencia como músico con diabetes tipo 1 en Nueva York. Literalmente, este es el subtítulo de su blog A Type 1 Life. Averigüemos qué tiene esto que ver con el jazz.

Procedente de la música clásica, manifiesta que su álbum tiene un esquema de hip hop, lo cual es más una intención narrativa (la fluidez, la libertad) que una estética, puesto que no hay hip hop ni cantantes en el álbum, sino un jazz moderno, más europeo que neoyorquino, y donde la influencia de lo que algunos llaman Tercera Vía se nota en muchos temas. 

La formación del álbum es un sexteto clásico (además del tenor, están Alex LoRe en el alto, Matt Davis a la guitarra, Glenn Zaleski al piano, Johannes Felscher al bajo y Jimmy Macbride en la batería) pero en algunos temas incorpora fagot y cello haciendo el papel del bajo ("Alphabet Soup") o utiliza clarinete, oboe, flauta, un cuarteto de saxofones (The SNAP saxophone Quartet)... consiguiendo así traspasar el límite de lo esperado y derivar del jazz moderno ("Buckley Vs Vidal", "Im Prety Uch Fkd") al minimalismo orquestal del que hablábamos, más cerca de Philip Glass que del jazz, especialmente cuando utiliza esas repeticiones rítmicas tan típicas de la música de Glass en los breves interludios de apenas un minuto ("Ive Sn Th Gra Md", "It Was Brh Cold", "Romulo's Raga" y "The Minutiae of Existence") que aparecen en el álbum interpretados por piano y octeto de madera, pero manteniendo siempre en activo la polirritmia jazzística, la improvisación y el gusto por lo inesperado.

Las diferentes formaciones que aparecen en los 14 temas del álbum sirven para mostrar distintas facetas del saxofonista. Paul Jones es uno de esos tenores de fraseo limpio y expresivo que no suena roto ni cuando sopla agresivo. Se nota la formación de conservatorio, como también las ganas de experimentar tanto con el jazz como con los ensembles de música contemporánea. Pero no todo es minimalismo. Esta heterogeneidad en los músicos también está en las composiciones (todas originales de Jones) y debe suponerse que los músicos han sido seleccionados en función de las partituras. En "I Am An American" nos encontramos frente a una balada a tempo medio, mainstream con una línea de saxo muy clásica y un solo de bajo que da pie a un walking bass también de lo más clásico, aunque el siguiente tema vaya un poco más allá ("Hola, Amigo"). 

Diferentes objetivos y un solo punto de mira. El álbum, gestado en Alberta (Canadá), en la Banff Creative Arts Centre, responde a las inquietudes compositivas de Paul Jones, mezcla de música clásica, pop, literatura, jazz y matemáticas: utiliza un método para componer basado en el texto, asignando notas a cada letra del abecedario y utilizando palabras (los títulos más extraños corresponden a frases de apertura de novelas en las que elimina las letras repetidas) para crear frases melódicas. A esto le añade un factor numérico aleatorio (!) para ampliar el rango de los intervalos. Como concepto, no deja de ser curioso y, como jazz, responde de una manera original a la definición de libertad creativa.


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* Web: www.paulthejones.com

ACORDES Y DESACUERDOS (XXIII)

El jazz es malo (y, para algunos, una lata)

En 1912, un desconocido fotógrafo llamdo Ernest J. Bellocq decidió cambiar los paisajes y la fotografía industrial, a los que se dedicaba profesionalmente, por objetivos más excitantes. Se internó en el barrio rojo de Storyville y, durante un tiempo, estuvo realizando retratos y posados de prostitutas de la ciudad, donde el "negocio" era legal. En 1958, ochenta y nueve de estas fotografías salieron a la luz, desvelando algunos de los rostros de aquellos locales donde el jazz creció y se consolidó porque los clientes querían música en vivo, además de alcohol... y otras diversiones. Desde entonces, el nombre del jazz (incluidas algunas teorías sobre su etimología) está ligado a los bajos fondos, el erotismo y el crimen.
 
Siempre fue pecado, El jazz era algo malo, socialmente e incluso ahora, visto desde otros ámbitos musicales o profesionales, malo de lo más malo. Perdió puestos en la lista según la década, dejando paso a la satanización del rock and roll, del punk, del pop..., pero por encima de estas músicas afectas a la moda y a la mercadotecnica, el jazz ha sobrevivido porque supone un desafío intelectual para el músico y para el oyente, y siempre estaremos ahí nosotros, los que no nos conformamos con lo que pongan por la radio o la tele, mentes inquietas que sienten cosquillas (mentales) con la buena literatura, el buen cine, la buena música...

Como solemos hacer en esta sección de Acordes y desacuerdos, reproducimos algunas frases y opiniones sacadas de contexto que pueden arrojar luz (o algún motivo para el debate).


I.
Amy Farrah Fowler (interpretada por Mayim Bialik) en The Big Bang Theory confiesa esto:
Yo no he hecho pellas en mi vida. Mi madre dice que así es como las chicas acaban siendo adictas a la marihuana y al jazz.





II.
A todos nos ha pasado esto de hablar y hablar apasionadamente sobre jazz sin darnos cuenta de que a la otra persona le importaba un comino. Tras la ocupación soviética en la República Checa, Julio Cortázar, García Márquez y Carlos Fuentes viajaron a Praga invitados a dar una charla. Una maniobra de la inteligencia checa para dar sensación de normalidad. Carlos Fuentes recuerda: 
Viajamos en un tren nocturno desde París hasta Praga, pero no dormimos porque toda la noche nos la pasamos en el salón con Julio Cortázar, que se dedicó a recordar la historia del jazz. Sabía muchísimo de jazz Cortázar y entonces, entre la Gare de Lyon y la estación de trenes de Praga, nos contó la Historia desde los orígenes del jazz, capítulo por capítulo, trompetista por trompetista, cantante tras cantante... Sabía absolutamente todo. Estábamos muy impresionados Gabo y yo. Sabíamos que sabía pero no que sabía tanto. Y este es el secreto de Cortázar: que siempre sabía mucho más que los demás, pero tenía el pudor de no demostrarlo. En esta ocasión, sí lo demostró, quizás porque era de noche, porque íbamos en tren, porque íbamos a Praga... Y ya, casi al entrar en la estación, digo: "¿Por qué no cambiamos de tema y hablamos de cine?". Pero ya no había tiempo.
Cortázar y Gabo

III.
En la misma conferencia, cuenta Carlos Fuentes, que pensaba que el jazz era una pesadez de conversación, se queda con las ganas de ir a un club:
Yo estaba muy contento hasta un momento en que siento que me traicionaron mis amigos. Quedé muy descontento con ellos. Gabo me dijo: "La ópera es fantástica en Praga. Yo me voy a una función de ópera" y Cortázar me dijo: "He descubierto un club de jazz y tú, Carlos, vas a ir a hablar con los sindicatos". [...] Gabo escuchando ópera, Cortázar en el jazz y yo hablando con los sindicatos. Que eran troskistas, además. 
Cortázar soñando con ser jazzman

IV.
Boris Vian se enfrentó a la sociedad francesa de su época, que prohibía el jazz como "algo peligroso" ironizando (a su estilo) en un artículo que publicó en 1949 en Jazz Hot titulado El jazz es peligroso: Fisioterapia del jazz
Tan lejos como uno quiera remontarse hasta la antigüedad, pueden encontrarse ejemplos de la acción esclerosante y necrosante del jazz sobre la célula viva y las macromoléculas del citoplasma [...] Los trabajos del doctor René Theillier, relativos a las lesiones provocadas por la repetida agresión de una causa cualquiera, dilucidan igualmente el peligro de cualquier música de ritmo regular; el jazz es el ejemplo más típico, y por ello sería necesario que los poderes públicos se decidieran por fin a aplicar el bisturí en esta llaga y a encontrar un remedio para las psicopatías cada vez más grandes que parecen apoderarse por completo de nuestros jóvenes contemporáneos. 
Miles Davis y Boris Vian en París en 1950

V.
Más grave es cuando hay persecución. Los nazis prohibieron muchas facetas artísticas pero una lo fue por provocativa y por racial: el jazz. Desgraciadamente, aunque el ejército americano contraatacó "psicológicamente" enviando discos de jazz a los soldados (los llamados V-Discs o Discos de la Victoria), este rechazo se producía también dentro de los Estados Unidos, donde algunas minorías blancas (y no tan minorías) ignoraban el jazz como música popular. Por poner un ejemplo, la obra Porgy & Bess del judío George Gershwin tardó ¡80 años! en ser aceptada como ópera, mientras que, dentro de la propia Alemania, hubo una especie de resistencia músico-cultural por parte de los Swingjugend, a quienes Thomas Carter dedicó su película Rebeldes del Swing (Swing Kids, 1993). Ahí va un resumen  (obtenido de la web Idejazz) de cómo Hitler pretendía que funcionara la cosa con la Entartete Musik ("música degenerada") que era el jazz:

1. Las piezas en ritmo de fox-trot (o swing), no podrán exceder el veinte por ciento del repertorio de las orquestas y bandas musicales para baile;
2. En este tipo de repertorio llamado jazz, debe darse preferencia a composiciones en escalas mayores y a letras que expresen la alegría de vivir, en lugar de las deprimentes letras judías;
3. En cuanto al tempo, debe darse preferencia a composiciones ligeras sobre las lentas (los llamados blues); de todos modos, el ritmo no debe exceder la categoría de "allegro", medido de acuerdo al sentido Ario de disciplina y moderación. De ninguna manera excesos de índole negroide en el tempo (el llamado jazz) o en las ejecuciones solistas (los llamados "breaks") serán tolerados.
4. Las llamadas composiciones jazzísticas podrán contener hasta un diez por ciento de síncopa; el resto debe consistir en un natural movimiento "legato" desprovisto de histéricas inversiones de ritmo características de la música de las razas bárbaras y promotoras de instintos oscuros extraños al pueblo alemán;
5. Queda estrictamente prohibido el uso de instrumentos extraños al espíritu del pueblo alemán, como así también el uso de sordinas que convierten el noble sonido de los instrumentos de viento y bronce en aullidos judíos;
6. También quedan prohibidos los solos de batería que excedan la mitad de un compás en tiempo de cuatro cuartos, excepto en los casos de estilizadas marchas militares;
7. Queda prohibido a los músicos realizar improvisaciones vocales (scat).
 Ahí es nada.
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http://jazzeseruido.blogspot.com.es/p/relatos-de-jazz_28.html

SGT. PEPPER TAUGHT THE BAND TO PLAY

SAN FRANCISCO STRING TRIO, May I Introduce to You (Ridgeway Records, 2017)

El título (May I Introduce to You) era aquella frase que nos arrojaba de una manera energética (como sólo se podía ser energético en los '60) al estribillo de "Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band", la canción que hablaba de una banda ficticia y con la que The Beatles intentaron dejar de ser The Beatles, unos chicos monos que arrastraban multitudes, para mostrar que realmente eran artistas y no sólo cantantes.

En May I Introduce to You y una vez superada la impresión de la portada (de un diseño realmente feo) descubrimos más abajo, a los miembros del San Francisco String Trio: Mads Tolling (Stanley Clarke, Chick Corea, Ramsey Lewis...) al violín, muy expresivo y versátil; el contrabajista Jeff Denson, sideman de Joe Lovano, Dave Douglas... que también ejerce de vocalista en dos temas ("Fixing a Hole" y el icónico "A Day in the Life") y que es de esos bajistas que consiguen parecer líricos cuando es necesario; y luego está Mimi Fox, que toca la guitarra acústica, eléctrica y la de 12 cuerdas, que ha ganado seis premios de la crítica de Downbeat y que lleva al trío a un nivel superior cada vez que toca un solo.


Entre los tres y con tan peculiar line up, han grabado una recreación del octavo álbum de The Beatles, Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band, ese disco donde todo es ecléctico, mixto, casi tan libre como el jazz, y que dicen que cambió la Historia de la Música.

Coincidiendo con el quincuagésimo aniversario del Sgt. Pepper's, este trío ha recreado sus temas con una estética peculiar, desmontando desde la raíz, tanto armónica como rítmicamente, las composiciones y llevándolas en una nueva y excitante dirección que tiene que ver más con la improvisación que con el blues (con la excepción del seductor riff de "Sgt. Pepper's") y que se mueve en una estética cercana al folk por momentos, al jazz europeo moderno en otros e incluso con algún toque manouche cuando el ritmo lo pide. Doce temas que son pequeñas joyas, íntimas, casi de andar por casa, y que dotan a las composiciones de una belleza y una complejidad magníficas.

Y, cuando digo recrear es porque todos los temas del Sgt. Pepper's están en May I Introduce to You, todos, con la curiosidad de que aparecen aquí desordenados a capricho, comenzando por la tierna "When I'm Sixty Four" y acabando, eso sí, lógicamente, con el tema principal ("Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band") que en el disco original era un reprise y que aquí, como entonces, resulta un final de apoteosis. En medio, un viaje inaudito en el que blues, jazz y otras esencias se mezclan sincopadas, con energía, aunque a veces el violín nos recuerde que estos temas nacieron en los verdes prados de Inglaterra y no en el cálido sur de Estados Unidos.


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* Web: www.sfstringtrio.com


PRÓXIMAMENTE... XII FESTIVAL JAZZOLONTIA

World, black & jazz para comenzar septiembre 

Como todos los años, la Asociación Cultural Olontia, organización sin ánimo de lucro, lleva el jazz al escenario al aire libre del Convento del Vado en Gibraleón. Este año, repartidos durante el fin de semana, se podrá asistir (con entrada libre, como es habitual) dentro de la XII edición del ya clásico Jazzolontia a cuatro conciertos y el domingo a un acto literario protagonizado por Enrique García Bolaños, poseedor de una poesía original y joven que presenta en su nuevo libro Señales. También el domingo se proyectará la película Born To Be Blue (Robert Budreau, 2015) que narra un episodio más o menos biográfico de la vida de Chet Baker.




Los conciertos comenzarán el viernes 8 de septiembre a partir de las 22:00 horas con Naftule Quintet, un grupo liderado por el clarinetista Emilio Parrilla que traerá a Gibraleón su música klezmer inspirada en el músico polaco Naftule Brandwein y que Parrilla compuso para la obra de teatro En vano. Esa misma noche, el grupo Funkdación, un clásico de la música negra en nuestro país, traerá a escena su mezcla de soul y funk.


El sábado 9 la noche comenzará de una manera más íntima con el sexteto del guitarrista Pedro Madaleno, a quien apodan el Pat Metheny portugués, acompañado por Diogo Vida a piano, Joao Barradas al acordeón, Yuri Daniel al bajo, Bruno Pedroso a la batería y Joao David Almeida a la percusión y voces. El final de la noche sonará algo más potente con el grupo Ogun Afrobeat, ritmo, world music y una sección de metales que hay que ver en directo. De madrugada, DJ's, barra y buen ambiente al aire libre. Todo ello sin pagar entrada. 




SONGBOOK

GEORGIA MANCIO & ALAN BROADBENT, Songbook (Roomspin Records , 2017)

Imposible seguir a Alan Broadbent a la velocidad que continúa moviéndose su carrera en la edad... de la experiencia. Tras su enorme disco para trío de jazz y orquesta Developing Story (Eden River, 2017), nos llega un nuevo álbum, más íntimo pero no menos seductor, trío de piano y voz con la cantante y letrista británica Georgia Mancio. El disco se llama Songbook y habla de momentos vitales a través de emotivas y evocadoras letras, que encuentran en el piano un interlocutor perfecto.

Dice la crónica que Mancio conoció a Broadbent cuando éste tocaba con Irene Kral hace 20 años, y que colaboran juntos desde 2013; también que, unidos por una pasión común hacia la música de Gershwin y de Rodgers & Hart, el pianista pidió a Georgia Mancio que pusiera letra a una de sus composiciones para Quartet West, la formación en la que Broadbent había trabajado con Charlie Haden, Ernie Watts y Larance Marable. El tema era "The Long (Last) Goodbye" y aparece en el álbum junto con otras 11 canciones escritas en un periodo de nueve meses.

Foto: Carl Hyde
Como a Alan Broadbent ya le conocemos y le admiramos e intentamos seguirle en todas sus prolíficas aventuras, vamos a intentar describir las sensaciones de descubrir en Songbook a una cantante y letrista de la que (lamentamos) no teníamos noticias hasta ahora.

Foto: Andy Sheppard

Georgia Mancio tiene en la garganta esa elegancia de las grandes cantantes de la Historia del Jazz. No grita, no se desgarra ni hace florituras ni scat a toda voz, sino que es de esas Damas del Jazz que esgrimen la fluidez y la naturalidad como arma, que suenan a terciopelo y lucen su voz como un vestido de noche, largo, sinuoso, espectacular pero discreto. Imposible no dejarse seducir por su cadencia. Desde la sencillez del tema que abre el álbum ("The Journey Home") vemos una comunión perfecta entre la belleza de las frases del piano y las de la cantante. Delicias posteriores como "Hide Me From The Moonlight" o la triste y nostálgica "Lullaby for MM" confirman estas sensaciones.

Incluso en temas rítmicos y cálidos como la bossa "Someone's Sun", mantiene esa sutileza. Juega con las notas altas por momentos, como haría un pianista en un solo, pero siempre contenida y elegante. Por cierto, el solo aquí de Alan Broadbent en embriagador en su sencillez (al fin y al cabo, la bossa no deja de ser un cliché). Con esta información, se podría decir que un tema de bebop como "One For Bud" (homenaje evidente a Bud Powell) sería un desafío para esta cantante, incluyendo la dificultad de escribir una letra, pero sabe llevarlo a su terreno y construir un buen tema vocal. Habría que destacar también la alegre "Just Like A Child" por el delicioso interplay entre ambas voces, la de Mancio y la de Broadbent, como si realmente cantaran a dúo, y por el solo de piano.

En resumen, una formación de esas que nos gustaría ver en directo. En el álbum, el trío que acompaña a la cantante lo completan Oli Hayhurst al contrabajo y Dave Ohm en la batería y la percusión, aunque en directo se suele ver a Mancio y Broadbent a dúo. 


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* www.georgiamancio.com

* www.alanbroadbent.com

NIKETCHRIN

Marcel·lí Bayer o el fugaz arte del ruido

Desde que conocimos a Marcel·lí Bayer con su seductor álbum Les Narrations (Whatabout Music, 2013), este músico nacido en Barcelona en 1982 ha progresado valientemente hasta convertirse en uno de los saxofonistas / clarinetistas más originales, arriesgados y personales del panorama jazzístico nacional. En su nuevo álbum, titulado Niketchrin (Creative Sources, 2017) nos propone una sesión de improvisación que supera cualquier expectativa.

A lo largo de su carrera, Bayer ha evolucionado desde primerizos y ambiciosos proyectos como Nonitz (en noneto y nada menos que con Lee Konitz como invitado) pasando por discos más íntimos (Les Narrations, en cuarteto) hasta sublimar el combo de jazz convirtiéndolo en un formato unipersonal, libre y absolutamente improvisado, algo que ya había probado con éxito en 1860 (Discordian, 2014) y que en Niketchrin alcanza una cota elevadísima, no sólo por el riesgo de grabar sin partitura sino por la coherencia de estas improvisaciones, que alcanzan un lirismo único dentro de lo atonal, del ruido, nos atreveríamos a decir. 

Grabado el 21 de febrero de 2017 en 23 Robadors, ese templo de la cultura sin limitaciones que se esconde en el Raval y que programa, entre otras estéticas, free jazz de manera regular, Niketchrin posee un concepto original de la libertad creativa, con unos temas en los que vuelve a percibirse una intención narrativa, si bien lejana a la estética de Les Narrations pero que transporta historias sugeridas, con un sentido descriptivo y metafórico envidiable, y con una voz lírica particular e inspiradora. 

El siguiente vídeo es una improvisación pero, en esencia, es uno de los temas del álbum.


Técnico y expresivo, expresionista, Bayer utiliza en algunos momentos estéticas rítmicas y repetitivas propias de la música electrónica y experimental (en "Faith", por ejemplo), con un empleo minimalista del lenguaje del clarinete (en algunos temas clarinete bajo y contrabajo) y también de los objetos (sillas, golpes, el teclado del piano como percusión) que nos remiten a las teorías de la música concreta ideadas por Pierre Schaeffer. A pesar del aparente desorden de sus improvisaciones, no es difícil entender o sentirse inspirado por esta música singular que nos sugiere historias improvisadas pero lógicas, que llegan al oyente desde el mismo título, con su enigmático nombre, Niketchrin, cuyo misterio ayuda a aumentar la explicación que nos da su página web: 
Niketchrin fue compositor y clarinetista y uno de los creadores de la nueva música en la Rusia de principios de siglo. Muy probablemente vivió una vida plena en una era de decadencia y de oscuridad aunque su existencia no ha sido nunca probada. Su cuerpo no se encontró nunca, su música nunca ha sido escrita, incluso nadie ha tenido constancia de su paso por este mundo.
Existiera o no este compositor al que Bayer dedica el álbum, lo cierto es que el resultado es sorprendente e inquietantemente adictivo. 

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ASOCIADOS

Dos mujeres con el poder de la voz

Bajo el sugerente eslogan de Botello, Ruciero & Asociados, se presentaron en el Gran Teatro de Huelva el 20 de julio dos artistas multidisciplinares que son también educadoras y amigas, Lola Botello y Natalia Ruciero

Últimamente, es habitual encontrar abierta la programación del Gran Teatro de Huelva en verano. No es habitual en los teatros de ciudad y merece un aplauso esta iniciativa para los que no huyen a la playa o los que no las necesitan o para premiar las inquietudes culturales de los turistas que llegan a Huelva en esta época. Es una pena que muchas veces la oferta no se corresponda con la respuesta del público.
 

De manera extraordinaria y complementando la programación del II Circuito Andaluz de Asociaciones de Jazz, se programó un concierto especial con dos cantantes. Natalia Ruciero y Lola Botello, artistas multidisciplinares, ejercen, entre otras actividades, de profesoras de canto en Müzzic, cada una con una visión particular del jazz vocal.


En un ambiente frío, con una iluminación escenográfica de lo más pobre y con un patio de butacas casi vacío, las dos cantantes salieron a darlo todo, con mucho ritmo, con un mencionable despliegue de recursos vocales y comenzando por lo más difícil, haciendo un scat a dúo, algo que nunca habíamos escuchado en directo. El público conectó enseguida con la música, que fue discurriendo por clásicos vocales de todas las estéticas del jazz, desde el swing hasta el jazz fusión, tamizadas por la personalidad de las dos cantantes, que se alternaban en escena o cantaron a dúo.
 
Lola Botello y Nacho Megina
Tras del derroche inicial, Natalia interpretó con un toque personal el “Basin Street Blues” de Louis Armstrong, Lola recordó al más moderno Bill Evans en “Waltz for Debby”, volvieron a unirse para cantar “Little Sunflower” y así, alternando sus diferencias tímbricas, vocales, técnicas, de color, de personalidad…, las dos cantantes fueron desarrollando un concierto que se iba convirtiendo en un catálogo de posibilidades vocales y un repaso al songbook de muchas décadas de jazz. Es muy difícil calificar a las cantantes porque, a pesar de que su derroche sugería una competición, no había nada de eso, y cada una camina en una senda distinta y personal. Natalia Ruciero, muy imaginativa y rítmica en los scats, estuvo brillante en “Boplicity” y lírica en “Body and Soul”… Botello hizo de todo, incluyendo hacer de su voz un piano de bebop interpretando a Monk en “In Walked Bud” …
Natalia Ruciero


Al fondo, Rafa Arregui
No es habitual escuchar un grupo con dos cantantes y, viniendo cada una de una formación distinta (Nat’n jazz Quartet y Cordelia, respectivamente) y habiendo reunido músicos sólo para la ocasión, uno tenía la sensación de estar asistiendo a una jam session de cantantes, algo menos habitual aún.

Otra impresión del concierto es la de que ambas cantantes utilizaban su voz como un instrumento, impresión que quedó corroborada cuando el público aplaudía las intervenciones de las cantantes como si fueran solos y éstas alternaban estos “solos” vocales con los de los músicos, que merecerían una mención especial, ya que el público había acudido a escuchar a dos cantantes y pudo descubrir que los músicos que las acompañaban no eran sólo correctos sino igualmente interesantes. La sección rítmica sonó eficaz en todo momento y destacó en sus individualidades. Javier Delgado al contrabajo y Nacho Megina en la batería son dos experimentados músicos de la escena andaluza con una larga carrera como sidemen. Los pudimos ver recientemente en este mismo escenario acompañando a Javier Ortí. En el piano, Rafa Arregui, componente del cuarteto de Natalia Ruciero (Nat’n Jazz Quartet), marcaba el punto álgido de cada tema con sus solos. Muy bluesy en “Basin Street” y muy moderno en “Stolen Moments”, por poner un ejemplo, un músico versátil y sobresaliente al que habrá que prestar atención.


El falso final del concierto, con un amago de canción triste para presentarnos la verdadera conclusión, swingueante y divertida (“Me and My Shadow” de Al Jolson cantada al estilo de Sinatra y Sammy Davis Jr.)  levantó al público de sus asientos, tanto que no hubo necesidad de hacerse de rogar para hacer un bis. Como dije más arriba, todo un derroche.


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* Web de Lola Botello: www.lolabotello.net

* Web de Natalia Ruciero: www.nataliaruciero.com

* Las fotografías son de Juan Carlos Ordóñez: www.flickr.com/photos/jcof/