MÚSICA CELESTIAL

PETE MALINVERNI TRIO, Heaven (Saranac Records, 2017)

Detrás de cada disco hay una historia, y todas las historias nos emocionan, pero la historia que hay detrás del álbum de Pete Malinverni es ciertamente triste. Tras la muerte de su esposa en 2012 y después de un susto que también estuvo a punto de acabar con él, este pianista de Niagara Falls, Nueva York, se propuso vivir hasta grabar un disco que llevaría en sus acordes un mensaje espiritual: el Cielo está aquí, en la tierra.

Heaven, grabado el 12 de septiembre de 2016 en Systems Two Studios de Brooklyn, contiene diez temas que exponen y celebran la fragilidad de la vida y la fuerza de los sentimientos. Con un trío clásico y eficaz formado por Ben Allison al bajo y Akira Tana en la batería, y con un jazz vibrante y colorido, Malinverni hace un recorrido sentimental y espiritual por temas tradicionales y standards cargados de significado. 

Pulsen play si quieren escucharlo:

Como introducción al disco, suena "Heaven", compuesta por Duke Ellington dentro de su Second Sacred Concert. Es una versión dinámica, donde la sección rítmica funciona con mucho swing, dándole un nuevo significado jazzístico a la canción. Amén de los solos, con este tema ya podemos decir que conocemos el estilo de Manliverni, inquieto, constantemente creativo, muy colorido, lleno de imaginación y erudición y, al mismo tiempo, honesto y carente de superficialidades fáciles. De Ellington luego podemos escuchar también "Come Sunday", donde interviene Jon Faddis a la trompeta con una sordina que, en algún momento, suena ciertamente davisiana. Pero antes encontramos muchos más mensajes en el disco. "Psalm 23", con su elocuente título, es el único tema compuesto por el pianista, un himno con aires de blues muy en la línea sacra de Ellington. 

Su biografía dice que ha compuesto suites para coros gospel y ensemble de jazz y que, antes, fue músico en la iglesia de la calle Devoe, en Brooklyn, durante dieciocho años. Allí debió conocer de primera mano los secretos del gospel afroamericano y los himnos tradicionales que se cantan en las iglesias baptistas.  

Hay varios temas tradicionales en el álbum, todos relacionados con el cielo, el agua y el río como metáfora del paso a otra vida. "Down in the River to Pray", por ejemplo, es un espiritual que se canta en las iglesias, cuyo origen se atribuye a los indios apalaches y que se hizo popular en el cine en la película O Brother! (Joel Coen, 2000). Aquí suena muy blues e intensa, muy cerca del soul jazz. Karrin Allyson pone la voz a la lacónica canción "Shenandoah", vocablo también procedente de los indios norteamericanos y cuyo significado varía según el intérprete, desde "hijo de las estrellas" hasta "el río que discurre entre las montañas", voz que el piano de Malinverni acompaña con una dulzura enorme. Otras canciones tradicionales versionadas aquí son "A City Called Heaven" (con un gran protagonismo del contrabajo y un ejemplo muy lúcido de lo que es un trío de jazz de piano) y "Wade in the Water" (donde hay un interesante trabajo del piano, con un uso de la síncopa y del silencio que me ha recordado en algún momento a Monk). Steve Wilson pone un jugoso solo de saxo en este tema. 

Las baladas y los temas más enérgicos se alternan pero siempre con una sombra de seriedad detrás, como si todos fueran himnos y no simples canciones. Destacaremos dos. Uno es "Eili, Eili", un momento lírico inspirado en un poema escrito por Hannah Senesh, la mártir judía que murió intentando liberar a los judíos húngaros, y que aquí en un canto triste e instrumental; el otro, una versión tenue y soul de "People, Get Ready" de Curtis Mayfield. Un disco, en definitiva, como una montaña rusa que se mueve despacio, lleno de cambios de ritmo, también de matices, y con un pianista que nos duele no haber descubierto antes.

____________
* Web oficial: www.petemalinverni.com

** Foto: Sally Green.

LA SEDUCTORA BELLEZA DEL CONTRABAJO

GERALD CANNON, Combinations (Woodneck Records, 2017)

La línea de bajo inicial marca la filosofía del disco: el bajo manda con liderazgo, permitiéndose ser elemento melódico en algunos momentos y, en otros, sostén exhuberantemente rítmico (incluso en las baladas). Esta semana llega Combinations, donde Gerald L. Cannon, el que fuera bajista y director musical del trío de McCoyTyner y sidemen de tantos grandes (Elvin Jones, Roy Hargrove, Lovano, Martino...; la lista sería interminable) regresa como líder en un álbum pletórico de momentos enormes, en el que aparecen, en distintas combinaciones, los saxofonistas Gary Bartz, Sherman Irby y Steve Slagle, los trompetistas Jeremy Pelt y Duane Eubanks, los pianistas Kenny Barron y Rick Germanson, el guitarista Russell Malone y los percusionistas Willie Jones III y Will Calhoun.

Esa improvisación de bajo de la que hablábamos es la intro a "Every Main Is A King", una composición de Slide Hampton que suena aquí trepidante, muy hardbop, con un dúo espectacular: Jeremy Pelt y Gary Bartz, tanto en los solos como en cada chorus. El frenético ritmo de este tema sirve de ejemplo para citar la habilidad con que Cannon consigue una perfecta cohesión entre la sección rítmica y los solistas, algo que puede sonar lógico pero que no es tan habitual en el jazz actual.

A partir de ahí, el disco se desarrolla en distintas combinaciones, aunque me quedaría con el quinteto formado por el trío de Cannon (Germanson al piano y Jones III a la batería) con Jeremy Pelt y Gary Bartz como frontline en el blues "One For Amos", compuesto por Sam Jones.

De todas estas combinaciones, muchas son baladas o tiempos medios, algunas de ellas compuestas por el propio contrabajista, como "Amanda's Bossa" o "A Thought". una delicada bossa en la que toma el papel protagonista el saxo de Sherman Irby con la omnipresencia de Kenny Barron. Pero, si uno sigue  la línea del contrabajo en "A Thought" puede constatar la personalidad con que Cannon sostiene el tema, con elegancia, con una melodía propia, casi cantando. Al fin y al cabo, él es el compositor.


Más allá de las baladas, Cannon se muestra un compositor arriesgado y versátil. "Columbus Circle Stop" es un tema de ritmo roto, con unos vientos que suenan el algunos momentos onomatopéyicos, intentando aquello que ya hizo Mingus en "A Foggy Day" o Gershwin en su "Rhapsody In Blue", interpretar con instrumentos el caos y las prisas de la gran ciudad. El resultado es desconcertante en un disco tan (por momentos) tradicionalista pero a la segunda escucha toma sentido y el experimento resulta plausible, como otra composición de Cannon, "Gary's Tune", donde muestra sus actitudes miméticas para componer al estilo de Gary Bartz y para Gary Bartz. 

Todo el disco suena fresco y sofisticado al mismo tiempo, homogéneo a pesar de las distintas formaciones que se van sucediendo, combinaciones que dan título al álbum, cambios, sorpresas y mucho de aquello que Nat Hentoff llamaba "conversational jazz". Cannon demuestra que los instrumentos pueden interactuar sin moldes. No hace falta ponerse frente a frente uno a uno como hizo Christian McBride en su Conversations with Christian (Mack Avenue, 2013) sino que basta con poner en marcha la filosofía de Marsalis de que el jazz es el arte de escuchar a los demás para saber qué tocar cuando llega tu turno. Especialmente remarcable es el diálogo entre el contrabajista y la guitarra de Russell Malone en "How Great Thou Art", un blues que proviene de la música de iglesia y que suena como si lo acabara de componer.

La excepción que confirma la regla es la brillante y delicada coda del álbum, en la que Gerald Cannon nos ofrece una versión a contrabajo solo del clásico de Jimmy Van Heusen y Eddie DeLange "Darn That Dream". Cinco minutos indescriptibles.

____________
* Web oficial: www.cannonmusicnart.com

** Foto de Roberto Cifarelli (tomada de la web de Gerald Cannon).

MOVIN' WITH ENRIC

Enric Peidro Swingtet, Happyness Is a Thing Called... Jazz! (Snibor Records, 2017)

El swing era la música de moda cuando el jazz estaba de moda; sin embargo, para muchos aficionados al jazz, probablemente por la intelectualización que surgió del bebop, consideran que el swing no es jazz porque dentro del esquema de la big band sólo había espacio para la improvisación para uno o dos solistas. Pero ahora supongamos que traemos ese swing, con su particular estructura armónica y rítmica, traigámoslo al siglo XXI y pongámoslo en manos de un sexteto al estilo de los del hardbop (saxo, trompeta, trombón, piano, contrabajo y batería), con menos músicos que una big band, espacio para la improvisación, y toda la cultura de un siglo de jazz en la mente y en los dedos de sus músicos. El resultado es alentador, nostálgico e innovador al mismo tiempo, enriquecedor, atemporal y, lo que es más importante, un deleite para el oído. En su último disco, Enric Peidro lo llama Swingtet. 

El saxo tenor Enric Peidro ya había coqueteado con el swing en sus discos anteriores, tanto en cuarteto como en dos álbumes a dúo con el pianista británico Richard Busiakiewicz, pero aquí, en formato sexteto, apreciamos el poder de una pequeña big band. Autodidacta en sus inicios, Peidro ha sido alumno en master classes de figuras enormes como Scott Hamilton, Red Holloway o Barry Harris. Con un fraseo seductor y fluido, muy delicado para tratarse de un tenor, Peidro muestra continuamente su capacidad para el swing pero prestando atención especial a la melodía. Es hijo musical de los grandes tenores pre-Coltrane, desde Lester Young, pasando por Benny Carter hasta Scott Hamilton, figura indiscutible del neotradicionalismo actual, quien parece ser una perceptible influencia en la forma de tocar de Peidro. Hamilton, además, alabó al alcoyano en las notas de su anterior disco Nothin' but Jazz (Snibor Records, 2011). 

Desde el primer tema de Happiness Is a Thing Called... Jazz (título para enmarcar si eres un aficionado o un coleccionista compulsivo), se percibe que Peidro habla un idioma que dominan pocos músicos actuales, quizás un argot, para ser más concretos, dejando claro que los argots son un elemento que da color a la lengua. "Swingin' Back", el tema en cuestión, con su título también elocuente, es quizás el tema más inofensivo del álbum, a pesar de su secuencia de solos y de la brillantez del piano de Busiakiewicz. A partir del segundo tema, la deliciosa balada "I'm confessing (That I Love You)", el disco va en ascenso continuo, con armonías clásicas y un enfoque moderno en los solos, con joyas como "Movin' With Lester" (Young), "I'd Be There" (Hodges), donde saxo, trompeta y trombón funcionan como la sección de viento de una big band en miniatura (con el espacio del que hablábamos para improvisar), arreglos contagiosos como "Living My Life" (de Don Byas, otro músico cuya influencia se nota en el tenor de Peidro) o "T'aint Me" (Heywwod)  hasta el bailable final ("Walkin' Home").

Además de Enric Peidro, forman su Swintet Sergio Garcia-Aleix en la trompeta, el trombonista Voto Hernández, Richard Busiakiewicz al piano, Oscar Cuchillo en el contrabajo y Simone Zaniol en la batería.También aparece en casi todos los temas el saxo alto Kike Guzmán. Los arreglos son de Dan Barrett, Voro García y del tándem Enric Peidró/Luis Suria. El swingtet, como lo llama Peidro, tiene un sonido tan perfecto, tan armónico, tan fácil de escuchar, que puede herir sensibilidades entre los más renovadores pero les aseguro que la escucha les gustará porque, como dice el título del álbum, la felicidad es algo llamado... jazz.

_________
* Fotografía de Xavi Terol.

ONWARD

CHAD LEFKOWITZ-BROWN, Onward (Sophomore, 2017)

Se puede versionar a Coltrane con o sin personalidad. Con un sonido personal y sin imitar, el tenor Chad Lefkowitz-Brown hace una dinámica y poderosa versión de "Giant Steps" en su álbum Onward, demostrando lo importante en el jazz no es el título sino el enfoque. Su cuarteto se completa con Steven Feifke al piano, Raviv Markovitz en el bajo y Jimmy Macbride a la batería, sumándose el ubicuo Randy Brecker en dos temas.

Sorprende a lo largo del álbum la madurez musical de Lefkowitz-Brown a sus 27 años, pero si uno lee su biografía se encuentra con una carrera dilatada y llena de premios y datos que justifican esa manera tan brillante de tocar, esa potencia controlada y esa energía en los fraseos que ahogarían a cualquier principiante. 


A modo de resumen, habría que dejar constancia de que el pequeño Chad, a los 11 años y bajo la tutela de su mentor George Reed (baterista de Red Allen y Marion McParland), comenzó a tocar por todo el estado de Nueva York, convirtiéndose oficialmente en niño prodigio. Se formó en el instituto creado por Dave Brubeck, asistiendo a las clases del pianista y llegando a formar parte del Brubeck Institute Jazz Quintet, pero, siguiendo el destino de muchos músicos de jazz, ha vivido de tocar para estrellas del pop (Taylor Swift) y del rock (Don Henley), lo que no le ha impedido ganar 15 premios Student Music Awards de la revista DownBeat en categorías como "Best Jazz Soloist" o "Best Original Song". Forma parte de la Afro Latin Jazz Orchestra de Arturo O'Farrill. Su primer álbum, Imagery Manifesto, fue nominado a “Debut Album of the Year” en 2013...

Volviendo al presente, Onward es un álbum fácil de escuchar, demasiado fácil, con un sonido brillante donde la complejidad y la improvisación arrastran al oyente con una fluidez casi mágica, teniendo en cuenta la feroz interpretación de algunos temas, como el que abre el disco ("Onward"),  la citada "Giant Steps", el elocuente "Impetuous", que es una bossa rítmica y apasionada. Incluso la versión de la dulce "Isn't She Lovely" de Stevie Wonder nos llega cargada de energía en estado puro... hasta llegar al clímax del álbum, "Blues for Randy", un arranque de soul jazz donde, con la connivencia de Randy Brecker a la trompeta y el increíble groove de Steven Feifke al piano, Lefkowitz-Brown muestra su lado más funky, como si le hubiera poseído el espíritu de Pee Wee Ellis o el de Maceo Parker. Pero, por encima de toda esa aparente ferocidad, está la interpretación compleja, panorámica y casi inagotable de un instrumentista y compositor al que ha sido un placer descubrir.

____________
* Web oficial: www.chadlefkowitz-brown.com


IL PECCATO (NOCHE DE VERANO)

Miradas y secretos: la clase media a ritmo de jazz

No soy un crítico de cine (aunque amo una buena fotografía y un guión coherente) pero un pase de la opera prima de Jorge Grau Noche de verano (estrenada en 1962), con su banda sonora inspirada en el jazz, con toques hardbop, entre el neotradicionalismo y lo que hoy llamamos smooth, y su narrativa inspirada en el cine italiano (influencias claras de Antonioni y Fellini), me decidió a investigar sobre esta joya perdida en la historia del cine español, del que ahora se venden como geniales tantas películas sobrevaloradas.





Esta fue la primera banda sonora para largometraje del madrileño Antonio Pérez Olea (1923-2005), un autor mimético capaz de escribir jazz para esta película o rock para La tía Tula, por poner un ejemplo dispar, un compositor que sabe jugar con la expresión de los sentimientos personales y de los colectivos con su música, y que en esta película refleja con sutileza pero sin paliativos las dudas de los personajes, sus mentiras, sus silencios. Sobre el autor habla Virginia Sánchez Rodríguez de manera esclarecedora en su libro La banda sonora musical en el cine español y su empleo en la configuración de tipologías de mujer (1960-1969) (Universidad de Salamanca, 2013). 

Ya puestos, busqué el disco, no sin esfuerzo, rebuscando en Internet, un CD con un más que correcto libreto de 20 páginas, una edición remasterizada del LP editado en 1963 en Italia por la discográfica CAM, y encontré en la banda sonora de Pérez Olea el saxo tenor catalán Salvador Font "Mantequilla", citado por Joaquín Romaguera en su libro El jazz y sus espejos, volumen 1, que lo compara con Ben Webster por su "tono particularmente melodioso" (de ahí el apodo de "Mantequilla"). Sin embargo, en mi opinión, hay elementos más elocuentes en la banda sonora, como la manera en que el contrabajo (solo) ilustra musicalmente la tensión que existe entre Alicia y Miguel mientras esperan el autobús se vuelve a repetir en otra escena, tics musicales que denotan el interés del compositor para "manejar" la acción con la música.






Puede que la música de Noche de verano no sea tan interesante como el experimento de Ascensor para el cadalso y que Pérez Olea no tenga una voz propia como Martial Solal, pero el resultado cinematográfico que resulta de la la simbiosis jazz / fotografía se acerca mucho al de Al final de la escapada, especialmente en la habilidad para Grau (y su director de fotografía, Aurelio G. Larraya) para sacar partido de los planos cortos, de los gestos, de la sutileza, de la arquitectura menos obvia de Barcelona, de la abundancia de personajes secundarios anecdóticos...

Con una visible influencia de Fellini en los movimientos de cámara y con una narrativa y un tempo heredados de Antonioni y Rossellini, estos recursos musicales (afortunadamente, jazzísticos en su mayoría) acompañan fielmente un drama de actores, de miradas y gestos, donde toda la sensualidad (que acabó en censura) se manifiesta a través de frases de doble sentido, mensajes mudos y miradas explícitas que toman más valor con la seductora banda sonora. 

Il peccato, título con el que se estrenó en Italia esta coproducción, supuso el debut (en largometraje) tanto del compositor como del director, estrenando lo que se llamó el Nuevo Cine Español. Por entonces, Grau era joven y venía de Italia, donde había conocido a Fellini y había absorbido cierta ansia de hacer buen cine (léase cine innovador y atrevido) pero los azares lo llevarían a internarse en el cine de terror de serie B y a inaugurar la Época del Destape con La trastienda (1975), lo que no quita valor a la película de la que tratamos.







FRASEOS MÁGICOS

FEEFIFOFUM QUARTET (Youkali Music, 2017)

No sabemos si el nombre del cuarteto proviene del tema de Wayne Shorter (Speak No Evil, Blue Note, 1966) o del cuento de Jack, aquel de las judías mágicas y los gigantes, pero lo cierto es que este cuarteto novísimo presenta un disco entretenido, con improvisaciones y arreglos efectivos y fáciles de escuchar, aunque nada complacientes, con temas cambiantes y llenos de recursos, un disco que lo tiene todo, salvo un nombre pronunciable.

En el panorama actual del jazz, moderno, renovador y agitado (y podría apuntar hoy al jazz español), viene bien de tanto en tanto recibir una dosis de frescura como la que aporta este cuarteto sin piano formado por Jordi Ballarín al saxo tenor, Carlos Murillo a la guitarra, Carlos Ibáñez al contrabajo y Miquel Asensio en la batería, un cuarteto que mezcla estilos y personalidades en cada tema con un groove muy particular y una falta de complejos absoluta.

El disco comienza con un tema ("El vuelco") que podría ser el resumen de todo lo comentado hasta ahora: un estallido inicial muy hardbop, como todos los instrumentos funcionando de una manera homófona, para después presentar a uno de los protagonistas, el saxo tenor, con un Ballarín que disfruta elaborando fraseos largos como canciones. Después, el tema cambia de ritmo y los músicos se dejan arrastrar por una base (casi) reggae en la que el saxo se mueve como pez en el agua, pasando de unos fraseos (casi) funk a una elaborada improvisación. El estilo de Ballarín parece ser este, un tenor imparable, de largos discursos, a menudo cantabile ("Mind The Gap"), que debería haber nacido en la época del West Coast. 

El segundo protagonista del disco es el guitarrista Carlos Murillo, solista en la mayoría de los temas, un músico en el que se pueden escuchar numerosas influencias, desde el swing y bebop hasta el jazz moderno o de fusión, virtuoso e imaginativo, capaz de sonar con alma de blues y, en el mismo tema ("9-3-93"), con la rabia del jazz-rock, apasionadamente lírico en otros momentos, como en la bossa "Abrázame". 


El contrabajista Carlos Ibáñez marca con pulso recto y un tempo subyugante el inicio del rítmico y adictivo "Rectilini" (compuesto por Miquel Asensio). Más tarde, en "Progresión" hay un bonito diálogo entre el contrabajo y la guitarra, que hace las veces de acompañamiento rítmico para que el solo cante la melodía con una dulzura difícil de extraer de este instrumento, poco protagonista en este álbum pero cuyo intérprete merece una observación futura y más detallada.

Del baterista valenciano Miquel Asensio podríamos decir que es de esos percusionistas que, a pesar de sonar perfectos, pasan desapercibidos en un disco. Su trabajo es intenso y versátil pero lo mejor que hace es crear el marco ideal para el lucimiento de sus compañeros; sin embargo, basta una escucha atenta (pongamos "Mind The Gap" o el contrafact de Benny Golson "Unstable Moments", pero serviría cualquier corte de este disco) para notar que sus baquetas acumulan una experiencia notable. 

En resumen, un disco recomendable para todos los públicos (profanos incluidos) y un cuarteto que más que un combo es un conjunto de solistas a los que prestar atención.



______________
* El cuarteto en Facebook: www.facebook.com/feefifofumquartet/

BIG BACH

BILL CUNLIFFE, BACHanalia (Metre Records , 2017)

Para mi pesar, hace poco pude constatar que esa xenofobia que los músicos (en general) muestran hacia los músicos de jazz (en particular) a veces es correspondida. Escuchar a un profesional del jazz ridiculizar la necesidad de escribir la música o el hecho de tocar una partitura tal como la escribió el compositor me puso los pelos de punta. La relación entre jazz y música clásica (o como quieran ustedes llamarla) nunca ha sido fácil, pero hay ocasiones en que una ha bebido de la otra y ambas han convivido en gloriosas rapsodias inspiradas en la música negra o en swingueantes versiones de músicos de otros siglos o en lo que se dio en llamar La Tercera Vía. Extrapolando fenómenos estéticos, casi podríamos decir que el jazz es el barroco de las músicas populares.

En su nuevo disco, titulado BACHanalia, Bill Cunliffe, compositor, pianista y arreglista ganador del Grammy, nos propone un ejercicio de  tolerancia musical, de amplitud de miras, con unos arreglos muy jazzísticos. El jazz es una música multicultural, sobra decirlo. El disco contiene ocho composiciones. dos de Bach, una de Prokofiev y otra de Manuel de Falla ("El sombrero de tres picos"). Hace 60 años que Gunter Schuller, con su álbum Music for Brass, acuñó el término Third Stream (Tercera Vía) para referirse a la fusión de jazz y música clásica. Hace 7, Bill Cunliffe compuso un concierto para trompeta y orquesta que llamó Fourth Stream... La Banda (BCM+D Records, 2010), en el que ya experimentaba con esta hibridación entre los elementos del jazz y de la música orquestal más clásica. 


Pero Cunliffe, que comenzó su carrera como pianista y arreglista de la big band de Buddy Rich y ha trabajado con gente como Frank Sinatra, Joe Henderson, Freddie Hubbard, Benny Golson James Moody, es un músico de jazz: no mezcla sino que traduce. Utiliza los elementos de estos compositores (especialmente el contrapunto y los ritmos) para trasladarlos a la estética del jazz. 
Bach has always had that pulse. The Russian stuff - Shostakovich, Prokofiev - always feels like bebop to me. (Bill Cunliffe)
El disco tiene momentos muy brillantes en los arreglos, absolutamente entretenidos y lleno de detalles. Es uno de esos discos en los que uno encuentra nuevos momentos en cada escucha. Tiene una big band en la que sobresalen invitados tan interesantes como el baterista Joe La Barbera, el trompetista Terell Strafford, el saxofonista Bob Sheppard y la vocalista Denise Donatelli, cuyos scats convierten la música de Bach ("Sleepers Wake" o, lo que es lo mismo, la "Cantata BWV 140") en una delicia de jazz suave con aires caribeños. El diálogo de la voz sin palabras con los metales es brillante, como su intervención en el "Solfegietto", que convierte este clásico de Bach en un rítmico y divertido ejercicio vocal que parece escrito expresamente para un combo de jazz con vocalista femenina. "El sombrero de tres picos" es un arreglo que explora todas las posibilidades rítmicas del tema de Falla, con una interesante percusión que mezcla ritmos tribales con palmas flamencas y resulta de lo más jazzístico, y cuyos metales recuerdan armónicamente a las suites de inspiración africana de Ellington en algunos momentos.

Hay muchas más sorpresas en el álbum, escritas con mucho sentido de lo que es el jazz clásico, inlcuso algún momento atonal en las "Variaciones Golberg" (aquí "Goldberg Contraption") y, para rematar el disco, un clásico de Cole Porter ("I Got You Under My Skin"). Una bacanal musical que no decepcionará a ningún aficionado al jazz y que, quizás, haga algún fichaje entre las filas de los aficionados a la música de cámara.  

Las "Variaciones Goldberg" según Bill Cunliffe:



_____________
* Web oficial: www.billcunliffe.com