BLUE NOTE

Un punto de referencia

Blue Note es la casa del hard bop, de Lee Morgan, de Jimmy Smith, de Freddie Hubbard, de Thelonious Monk, es esa portada que nos viene a la mente cuando pensamos en jazz hecho en serio. Creada por dos inmigrantes alemanes, Francis Wolff y Alfred Lion, Blue Note es, por encima de todo, un pilar básico en la Historia del Jazz.

Tras el parón estival y a rastras de un comentario de mi amigo Loco acerca de la camiseta que lucía en aquel autorretrato innecesario (aunque veraniego), he  revisitado el documental Blue Note, A Story of Modern Jazz (dirigido por Julian Benedikt y Andreas Morell en 1997). Aunque sólo destacaría de su visionado los solos de Freddie Hubbard (como documental es algo desordenado y poco esclarecedor), al menos su metraje deja reflejada la base que dio al sello el nombre que aún hoy tiene: el de la calidad. Si buscáramos una definición de lo que Blue Note ha significado para el mundo del jazz elegiríamos un eslogan del tipo La calidad en el jazz tiene un nombre. Aunque suene a propaganda. Alfred Lion solía decir que producía los discos que quería escuchar. Y esto se nota.

Desde la primera grabación (Albert Ammons y Meade Lux Lewis) que realizó Alfred Lion en 1939 en un estudio alquilado, su estilo y su espíritu se han mantenido. Con la llegada de los vinilos de 10 y 12 pulgadas en los años 50, el "estilo Blue Note" acuñó su estándar posterior basado en tres premisas: portadas artísticas y llamativas, un primer tema para comenzar los álbumes destinado a la radio, y la calidad (en todos lo sentidos, no sólo el musical). Lion no sólo producía a artistas seleccionados sino que incluso les pagaba por los ensayos, algo inaudito en una época en la que los músicos sólo cobraban por grabar y después no recibían ni siquiera royalties por las ventas...

Pero Blue Note también ha evolucionado con los tiempos. Del jazz tradicional pasó al bebop en los 40. En los 50 entraron a formar parte del equipo un joven ingeniero de sonido de 29 años llamado Rudy van Gelder y el diseñador Reid Miles. Los 60 trajeron la oportunidad de romper moldes con el free jazz y las vanguardias. Alfred Lion se retiró en el 67. El sello cerró, fue vendido, absorbido una y otra vez, y hoy en día es uno de los baluartes del nu-jazz sin perder el interés por el mainstream y manteniendo (para fortuna de los aficionados) el negocio del siglo: el de las re-ediciones de clásicos del jazz. 

Se podría decir que se mantiene el espíritu con el que Lion desarrolló su carrera, con el mismo afán juvenil con el que descubrió el jazz en su Alemania natal. 

De Francis Wolff, quien se ocupó por encima de todo de las finanzas de Blue Note, hay que reseñar su originalidad como fotógrafo. Su estilo es contundente: instantáneas tomadas casi siempre en el estudio durante los ensayos, un solo punto de luz, casi siempre un fondo oscuro y rotundo, fotografías únicas y reconocibles. Muchas de sus fotos aparecen en las portadas que diseñó Reid Miles y que han marcado una época y un estilo inconfundible: el estilo Blue Note.



 

Todas estas portadas son diseños de Reid Miles sobre fotografías de Francis Wolff. El contenido es de sobra conocido.





Más portadas en este interesante artículo: http://retinart.net/artist-profiles/jazzy-blue-notes-reid-miles/




1 comentario:

Ferrán Blasco dijo...

Hola Félix,
Aunque sólo fuera por la maravilla que es el Blue Train ya hubiera valido la pena la existencia de Blue Note. Cuando yo era mucho más joven, en la época del vinilo, elegía discos de Blue Note tan sólo por las portadas, sabía que el interior valdría la pena y aunque no conociera a los músicos o esa obra en concreto, me dejaba mis pesetas con soltura. No recuerdo ni una vez en la que el disco no contuviera elementos que justificaran el desembolso.
Saludos